Las aventuras de Mistifais...
En mi cabeza existe un ser superior, algunos le llaman cerebro, yo le llamo Mistifais "el roedor que pedalea mientras yo intento pensar".
Y Mistifais sufre, todos los días y a cada instante, cambios repentinos de humor, pensamientos ridículos, grandes descubrimientos, paranoia, estrés, de pronto canta, de pronto se queda dormido a media mañana... es todo un caso.
Es culpa de Mistifais que yo sea una pequeña loca peligrosa. Creo que me dieron el roedor más zafado en la historia de los roedores...
Entonces a Mistifais le dieron ganas, así de pronto, de que dejara de escribir tanta tontería y como se quiere sentir protagonista por un tiempo, este diminuto ser superdotado ha decidido que escribamos sobre él.
LA MAÑANA
Despertábame yo puestísima a asistir a clases, cuando comencé a escuchar un "tac, tac, tac" que provenía de mi cabeza, mejor conocida como La cuchara (así la llama Mistifais), me quedé en silencio un momento tratando de identificar el origen del sonido. Entonces Mistifais gritó: "Derrumbe!! Derrumbe!!, auxilio!!" De entrada no entendí una jota ni sabía si en La cuchara existía algo que se pudiera derrumbar, así que presté atención y sucedió lo siguiente:
-Mistifais, ¿Qué cosa se derrumba?
-Nuestro enorme castillo - respondió
-¿De veras? pero ¿por qué? todavía teníamos un invitado, ¿dónde está él?
-No sé, creo que sigue ahí... anoche antes de dormir lo escuché cantar, pero de pronto esta mañana sentí una vibración y ¡piedras comenzaron a caer del cielo! No creo que pueda hacer nada, sólo correr
-Vamos Mistifais, es muy temprano para correr... debemos ir a clases, vigila que nuestro invitado salga sano y salvo. Los castillos a veces se derrumban pero siempre se puede construir una choza...
-¿Estás loca? ¿A clases en pleno derrumbe? No, no y no. ¡Estoy enfadado! Hoy sólo quería reposar mientras tú escuchabas cosas aburridas en idiomas que no entiendo y ahora pasaré todo el día escapando de las piedras asesinas... y no creo que nuestro invitado lo logre...
-Exageras, y además sí entiendes los idiomas... si no, ¿cómo los entiendo yo?
-No sé
-Pretextos! Iremos a clases y punto. Más te vale que nuestro invitado no muera aplastado.
El "tac, tac, tac" no cesaba y me estaba provocando jaqueca. Eran las siete de la mañana mientras me duchaba e intentaba pensar en una forma eficaz de detener el derrumbe. ¡Estábamos en problemas! Yo en exámenes, un castillo se derrumbaba en mi cabeza y un invitado especial estaba en peligro.
EN EL CAMIÓN
Me puse los audífonos para distraerme un poco, pero Mistifais no tenía ganas de cantar, se puso unos tapones en los oídos y me gritaba:
-SILENCIO!! SILENCIO!! No soporto la música, necesito concentrarme, pensar... ¿No te das cuenta de que moriremos aplastados?
-Tranquilo Misti, no parece tan grave... sólo son un par de piedritas, ¡qué exagerado!
-¿Exagerado? Deberías venir aquí, todo está lleno de polvo, y las rocas no dejan de caer... ¿Pero en qué pensabas cuando levantaste un castillo? ¿Como para qué?
-Bueno es que... nuestro invitado necesitaba un lugar digno de habitar, mi querido ratoncito.
-No soy ningún ratoncito y tu "invitado" nunca me cayó bien... ¡Hey Fernanda! ya pasamos la parada, ¡vamos! ¡vamos! que no tengo tiempo de resolver tus distracciones, ¡Bájate! ¡Ahora!
Me bajé de prisa y la gente me miraba confundida, tal vez se me salieron algunas palabritas en voz alta. Nada raro.
¿Por qué un derrumbe? Me pregunté. ¿Por qué el castillo se derrumba? ¿Cómo quitaré todos los escombros? ¿Cómo calmo a Mistifais? ¿Qué pasará con mi invitado? Y en esto se me fue la mañana, en discutir con Misti y pensar en una solución. No me pregunten qué temas dieron en la clase.
Cuando volví a casa, después de un largo día de interminables "tac, tac... bum, tronch, plac, plac, plac, plac" y cuatrocientos cincuenta mil gritos desesperados de Mistifais, me recosté en la cama completamente agotada.
-Misti... ¿estás ahí?
-Sigo vivo...
-¿Estás igual de cansado que yo?
-Quizá un poco más...
-¿Qué ha pasado Misti?
-No sé, sólo veo una gran nube de polvo, se ha derrumbado por completo
-¿Y nuestro invitado?
-No sobrevivió
En ese momento la jaqueca cesó y regresó la paz. ¡Vaya! Había intentado correrlo anteriormente, pero de alguna forma no quería que se fuera y ahora tengo un cadaver, escombros de castillo, polvo y un ratón enloquecido... ¡Gran problema!
-No estés triste Misti... ya construiremos otro castillo y alguien más vendrá a visitarnos
-cof, cof, cof... tuf tufff... nos aseguraremos de poner fuertes cimientos la próxima vez. ¡Ya no más castillos en el aire!
Nos leemos pronto
a l a n i s i n g *


Johnny Lomax dijo
El roedor que pedalea mientras yo intento pensar... jajaja, qué frase más genial.
Cuenta conmigo para construir bien firme ese castillo. Y nada de en el aire, en el suelo, en una tierra firme y fértil.
Besotes y abrazos.
25 Octubre 2007 | 02:42 PM