Un disfraz estrafalario
He sucedido en esta vida. He nacido y al crecer me fracturé. Preferí olvidar la infancia y por muchos años me aferré a la muerte. Fui princesa y fui un guerrero incansable. Fui una estatua de piedra y un derrumbe de frases caleidoscópicas y moribundas. Un día extravié la conciencia y me colmé de ansiedad hasta perder el juicio. Me debía a la infinita soledad, era devota de la divina providencia. Fui una invitación a la tragedia. Me desinhibí y me coloqué en el blanco de la adversidad. Fui benevolente con mis verdugos y despiadada con mis aliados. Me deshice por completo tantas veces que llegué a cargar un corazón entumecido en el pecho y me convertí en un guiñapo envuelto en traumas y complejos que ya no era capaz de conmoverse. Fui atada de pies y manos a la desesperanza. Escribí poemas y robé poemas. Me sentí poeta y me sentí invadida por el ocio, por la pereza. Me venció el momento, la apatía, la crisis. Sin quererlo fui capitalista, preciosista, mitómana y alcohólica pero siempre fui la misma sombra enfurecida que devoraba todo a su paso....
Por momentos el incendio de huesos y de mitos asfixiaba mi ánimo de estar en pie. Con mucho esfuerzo logré atravesar avenidas y rodear manzanas enteras, pero siempre con recelo, sin ganas y sin ganas de tenerlas. Me puse el pijama a medio día y usé un seudónimo en las madrugadas. Una vez exiliada de aquel raudal de rostros iracundos y marchitos, me forjé un disfraz estrafalario y cínico al tiempo que paría a mi alter ego, quien habría de enloquecer de angustia cuando las lágrimas inundaron el boreal de mi cerebro. Muchas veces tropecé bajo las risas despiadadas del destino y siempre me levanté de entre los pálidos contornos de la nada.
Descubrí que en ocasiones ovacioné insensatamente a personas que, aunque sin rostro y sin nombre, ocuparon un lugar en este mundo en donde no había una silla vacía para mí. Desgarré las paredes que cubrían mi ausencia y la ausencia de los otros que nunca estuvieron y que sin saberlo siempre hicieron falta. Caí desbaratada ante los pies de un noble, además le escribí canciones exóticas y con él tuve sueños eróticos. Recibí flores con mensajes evasivos, me até a compromisos temporales y escribí mentiras piadosas.
Después me despojaron una y otra vez hasta que solamente me quedó lo que ya no representaba nada. Supe lo que era beber de un vaso vacío imaginando el licor más embriagante. Les mentí a los fieles, alabé a lo sórdido del sexo. Confié aleatoriamente en los gusanos y ciempiés que no fueron encantadores después de todo. Usé de carnada mis arrebatos más intensos para hacer caer en mis redes a los sordos y a los ciegos y tuve amordazado al amor para evitar que me tomara prisionera. Le di posada al anciano loco de los presagios, abrí las otraspuertas. Hice promesas de las que nadie cumple y las cumplí. A pesar de todo no cumplí años tantas veces porque todavía caben mis años en mis textos.
Cuellar dijo
Ah, la verdad no leí tu blog. Sólo leí tu perfil y me gustó. Me gusta, me gusta mucho escribir, y en mis andares por el mundo casi nunca me he encontrado con alguien que sepa colocar comas sin comenter un error. Al parecer tú sabes escribir, y eso me llamó la atención.
Saludos.
13 Abril 2009 | 12:42 AM